1/6/16

La muerte de un buen sacerdote, D. Pedro Suárez Medina

Ha muerto D. Pedro Suárez Medina, un gran sacerdote y una gran persona


Muere el sacerdote   Pedro Suárez Medina
El sacerdote fallecido (de pie en el centro de la imagen) con jóvenes aruqueses en una de las improvisadas
tertulias nocturnas a mediados de los  años ochenta del pasado siglo / Fotos: José Luis Sandoval

Ha muerto un buen sacerdote D. PEDRO SUÁREZ MEDINA . Adjunto dos imágenes, una es de las tantas que conservo de las tertulias improvisadas que mantenía en la calle en horas nocturnas con un grupo de jóvenes aruquenses de la época entre los que me incluyo.





Ha muerto un gran sacerdote, Pedro Suárez Medina articulo opinión Juanjo Ferrera, Arucas

Ha muerto un gran sacerdote y una gran persona, D. Pedro Suárez Medina...





Ha muerto un gran sacerdote y una gran persona, D. Pedro Suárez Medina.
La otra corresponde al año 1985, cuando ejercí de padrino de confirmación de un gran amigo. A él lo vemos de espaldas, signando al confirmado. A D. Pedro lo están enterrando en estos momentos en el cementerio de Arucas, donde tiene familia, aunque procede de Vegueta. De 1983 a 1985 fue destinado a la Parroquia San Juan Bautista como coadjutor, siendo párroco D. Juan Ayala, y llegó a presidir el Arciprestazgo de nuestra demarcación.

Con su voz ronca característica y su aspecto delgado y quijotesco, lo recordamos como un hombre bueno, campechano, presto a ayudar a las familias necesitadas, amigo de ofrecer buenos consejos a creyentes y profanos, y magnífico guía espiritual ante las dudas de la vida cotidiana. Fortalecía el alma en los momentos de flaqueza e inyectaba, con sus palabras, la energía necesaria frente a la debilidad o el desasosiego.

De Arucas, partió como párroco a Agüimes dejando la estela entrañable no del sacerdote que se marchaba, sino la del amigo que ya no veíamos a diario. No por ello se desvinculó totalmente, con frecuencia y en fechas señaladas como las del Patrón San Juan, lo veíamos con el mismo espíritu dinámico con que lo conocimos hasta que enfermó.

Sus problemas de salud lo limitaron a temprana edad, a los cincuenta años comenzó con un padecimiento degenerativo del que no pudo zafarse. Con 76 años ayer nos dejó con una ambigua sensación: la tristeza propia de la muerte, y la alegría de la Gloria merecida. Descanse en paz un buen sacerdote. Con mucha gratitud, D. Pedro.
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